Historias de la carne

LOS BULOS DE LA CARNE 1ª PARTE

¿Es la carne tan perjudicial como dicen? Según Greenpeace y otros movimientos sandía (verdes por fuera pero rojos por dentro) la carne parece ser un enemigo a batir, junto con los coches, el diésel, el plástico y la energía nuclear, ya forma parte de los Jinetes del Apocalipsis políticamente correcto.

Lo habitual en la gente es escuchar las sandeces al respecto y posteriormente callar, pues el silencio es cómodo y te evitas el linchamiento. Pero en paladalia.com, vendemos carne, carne de la buena, carne de la mejor, creemos prestar un servicio extraordinario a los consumidores y creemos en nuestro producto y sus bondades, por lo que no nos queda más remedio que desmentir los bulos de la carne.


PRIMER BULO:

DAÑA LA SALUD: el consumo excesivo de carne, en combinación con otros factores como la falta de ejercicio físico, contribuye a deteriorar nuestra salud, generando sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares.
¿Daña la salud comer mucha carne? Sin duda, abusar de cualquier cosa es perjudicial, hasta el agua bebida en exceso produce Hiperhidratación que conduce a la hipernatremia que puede matarte. Lo mismo cabe decir de los hidratos de carbono, comer spaguettis para desayunar, comer y cenar es perjudicial, y seguramente comer acelgas mañana, tarde y noche pueda llevarte a la tumba. Todas las noticias al respecto de la carne se han basado en CONTRADICTORIOS informes de la Organización Mundial de la Salud, esa misma que parece que fue cómplice de China en la exportación del Coronavirus. Dichos informes tienen enormes titulares que conducen a la letra pequeña, los titulares dicen que la carne es cancerígena, pero la letra pequeña indica que tendrías que comer embutidos como si no hubiera otra cosa diariamente para tener tales consecuencias. De lo que no cabe duda es de ESTO: si la carne fuera tan dañina para el ser humano, los argentinos se hubieran extinguido hace décadas ya que están junto a USA y Australia por encima de los 100 kg por persona y año según informes de la ONU y la carne vacuna es su plato nacional desde hace más de un siglo.



También aluden los catastrofistas anticárnicos a los antibióticos, argumentando que la ganadería administran antibióticos indiscriminadamente al ganado produciendo nefastas consecuencias que matarán a la humanidad. Lo cual está regulado hace décadas, los antibióticos de uso animal están controlados por las autoridades sanitarias, los expenden bajo prescripción veterinaria como se hace con el ser humano. Sin embargo, nada se dice del uso de antibióticos en la acuicultura, mucho más peligrosa, ya que el vertido de antibióticos se realiza en el agua que, como es de suponer, se desparrama por el océano con consecuencias mucho mayores. Informes de países serios y transparentes como Chile lo acreditan: http://www.sernapesca.cl/sites/default/files/informe_final_sernapesca_14.04.15_0.pdf
Pero en el Delta del Mekong, en las piscifactorías chinas y en el cultivo de langostinos de países como Madagascar o Bangladesh la transparencia es muy poca, los antibióticos se vierten por toneladas a diario de forma preventiva (y no para tratar problemas concretos como pasa con el ganado) y se cree que el 75% de lo vertido va a parar al Océano produciendo enormes resistencias bacterianas en el planeta.

¿Se escucha alguna voz ecologista al respecto, o parece que solo molesta la hamburguesa que te comes en la barbacoa del cuñado los sábados?



SEGUNDO BULO:

La Ganadería contribuye al Cambio Climático. ¡Acabáramos! Si el sábado te comes una hamburguesa de Black Angus en lugar de una de Tofu hecho con soja, serás responsable de la muerte por ahogamiento de un oso polar que no encuentra un témpano en el que reposar.


Porque “La ganadería es responsable de la emisión del 14,5% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), tanto como todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos”
Con independencia de que uno siempre se pregunta por qué se silencia que hay 500 científicos empeñados en negar el origen antropogénico del cambio climático y de que este tipo de cálculos resultan de muy difícil factura (¿cómo se calcula el metano de los cuescos de las vacas del globo, o el CO2 exhalado por estas criaturas?) y que, curiosamente, a nadie importan los gases invernadero producidos por los ñus, los elefantes o las nutrias pero sí de los animales domésticos, no tanto a las mascotas que suplen a los niños en las pseudofamilias nadaparentales, más bien a los que alimentan al hombre. Es de suponer que de no existir estos otra fauna salvaje ocuparía el territorio, parece nuevamente que como decía mi abuela, “los mocos de unos son sonaos, pero del de otros sorbíos”, es decir: Importan los gases de la vaca del filete que te comes, pero no del antílope que te esquiva.
Pudiendo negar la mayor, es decir, que el Calentamiento Global sea causado por los humanos https://www.aorillasdelpotomac.com/no-hay-ninguna-emergencia-climatica preferimos negar la menor y decir que seguramente hay otras fuentes de gases invernadero para eliminar, como por ejemplo las minas de carbón de China, antes de privarnos del alimento esencial de la dieta humana desde que los homínidos se bajaron de los árboles.
Podríamos pensar que lo que pretenden los que luchan contra la carne es estropear el modo de vida que llevamos sacrificándolo en el Altar de una diosa Tierra inclemente para la que solo somos hijos repudiables, en un experimento de ingeniería social que pretende impedir que la clase media en peligro de extinción disfrute de cosas tan burguesas (ham-burguesas realmente) como ir en su coche diésel al adosado del cuñado en las afueras de la ciudad a disfrutar de una barbacoa, porque lo que mola es ir en bici al centro a malcomer ensalada de tofu y quinoa.



Nos parece respetable que cada cual coma lo que quiera, de hecho quien les escribe esto intenta llevar una dieta equilibrada y por supuesto que come y disfruta de las verduras y ensaladas, y lo que le preocupa es que otros pretendan imponerle dieta alguna a los demás.
Pero si creyéramos eso seríamos malpensados y tildados de conspiranoicos, por lo que, siendo realistas, creemos que todo el movimiento dirigido contra bienes de gran consumo insustituibles y que no van a desaparecer, como el plástico o la carne, solo pretende justificar una inminente carga impositiva extraordinaria, IVA de lujo, o impuestos especiales cual si de tabaco se tratara, con el que meter mano en nuestros bolsillos bajo un pretexto que parezca noble. Visto lo del azúcar, que empieza con campañas de descrédito del mismo basadas en la salud pública pero termina con impuestos especiales a la cocacola Zero pese a que no tiene un solo gramo de azúcar, nos tememos lo peor.

TERCER BULO:

Monopoliza la tierra cultivable. Con cerca del 75% de la superficie agrícola destinada a la ganadería, tanto en forma de pastos como para producir piensos, no conseguiremos salvar los bosques y frenar la pérdida de biodiversidad a menos que frenemos la expansión de la ganadería industrial.
No hace falta un master en Ingenería agrónoma para entender que, de no cultivar alimentos para animales para producir carne, los seres humanos habrían de alimentarse de otra cosa. Teniendo en cuenta que esos alimentos solo pueden ser animales o vegetales, a no ser que comamos insectos (que también consumen vegetales) o peces (cuyo límite de captura está ampliamente sobrepasado), habría que sustituir las proteínas animales por soja u otras vegetales, o en su defecto, las calorías aportadas por las carnes por otros vegetales de cultivo.

Por lo cual, es absurdo decir que si no criáramos animales para carne podríamos ahorrarnos el 75% de las tierras cultivables, puesto que en todo o en parte en función de su productividad deberían dedicarse a producir forraje para las personas. Paro además esta afirmación, de ser cierta, cosa que es cuestionable, obvia que hay parte de las producciones cárnicas, las de aquellos animales que no son rumiantes como los cerdos o aves, que comen piensos con aportes de residuo animal, y no solo vegetal. Tampoco se tiene en cuenta que en las regiones mayores productoras de carne vacuna y ovina, como Argentina o Nueva Zelanda, la ganadería es extensiva y come pastos inaprovechables por el ser humano, y de tierras que no son útiles para producir cultivos de cereal.

Incluso en cereales, hay tierras de muy escasa productividad, y a no ser que los humanos consumiéramos cebada y otros granos de peor calidad que el trigo, no son útiles para alimentar personas sino indirectamente a través de la ganadería.

 

 

 

 

 

CUARTO BULO:

Merma la biodiversidad. La agricultura industrial destruye masivamente la biodiversidad, incluso la alimentaria
El mero enunciado de este bulo desmiente la afirmación. Si todos los humanos consumieran alimentos estrictamente vegetales, seguiría habiendo monocultivos de los alimentos básicos y especies de alta productividad y calidad alimentaria. Este es un asunto fruto de la Revolución del neolítico, cuando el hombre comenzó a sembrar los cultivos que dieron lugar a las distintas civilizaciones: La patata y el Maíz en América, los cereales en Eurasia, el arroz en el Extremo Oriente y el mijo en África. En esta época se comenzó a moldear con el trabajo y el sudor de generaciones y generaciones de nuestros antepasados el paisaje que nos es más común, el que presenta la mayor parte del planeta, un paisaje con decenas de miles de vallas de piedra levantadas una a una por ellos para despejar los campos a los arados y que forjaron la fisonomía de la mayor parte del mundo habitado. Las bucólicas campiñas, antiguos bosques roturados, moteadas de arboledas, pastizales y tierras de labor, el hábitat humano, que debemos conservar y que no debe asilvestrarse.


Hay que conservar los bosques salvajes donde quedan, pero no es posible ni deseable volver al Pleistoceno ni tener leones en Europa, felizmente extinguidos de la mano de nuestros antepasados, y que fueron pintados en las cuevas en el período Auriñaciense.

Las especies actuales no son silvestres, son fruto de miles de años de intervención humana y selección artificial. Son las productivas y a no ser que la población del planeta se redujera drásticamente, las extensiones dedicadas a su cultivo no pueden cambiar. Tal vez es el sueño húmedo de las élites dirigentes y la ingeniería social, pero en todo caso es incompatible con los derechos humanos básicos, la libertad de las personas y su derecho al bienestar. No hay que escoger entre el bienestar de la Humanidad y el del planeta, hay que defender a ambos, cuidando el medio ambiente que nos legaron nuestros antepasados, que es el del neolítico, con una naturaleza salvaje en algunas regiones que debemos proteger, y una mayoría de territorios moldeados a la necesidad agrícola desde hace milenios. El mito del buen salvaje y de la vuelta a una Tierra forestal previa a la civilización, una especie de planeta como el de la película Avatar, solo puede hacerse realidad pisoteando a los millones de habitantes del planeta, con tanto o más derecho a vivir en él que el más pequeño roedor o el más grande de los cetáceos.

Esta Tierra no existe, no es más que un mito imposible, pretender volver a ella es una quimera y lo que es peor, una pesadilla humanitaria. Conservar, sí. Volver atrás, no. Los campos asilvestrados que hoy vemos en España, en los que el abandono rural termina por hacer inhóspito al hombre el entorno, no son la solución. Primero muere el campo cultivado, y después los pueblos.





 

 

 

 

 

 

Continuará…

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